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  ARTÍCULO :. Educación y Agricultura Ecológica

La educación de nuestros técnicos agrícolas
no se corresponde con la realidad de la agricultura ecológica.

Según el Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación la Agricultura Ecológica podría definirse como “un compendio de técnicas agrarias que excluye normalmente el uso, en la agricultura y ganadería, de productos químicos de síntesis como fertilizantes, plaguicidas, antibióticos, etc., con el objetivo de preservar el medio ambiente, mantener o aumentar la fertilidad del suelo y proporcionar alimentos con todas sus propiedades naturales”.

Es fácil entonces comprender los beneficios de la agricultura ecológica en forma de productos de gran calidad, mejora y mantenimiento de los ecosistemas, fijación de la población rural, redistribución de la población que no se concentrará en grandes núcleos urbanos…

La pregunta es evidente, si es tan buena, ¿Por qué todavía nos es difícil encontrar estos productos? ¿Por qué no se abandona la agricultura convencional?

Aunque la agricultura ecológica ha sufrido un importante incremento en superficie en los últimos años, no ha habido una respuesta educativa proporcional.

A parte de centros de capacitación agraria, escuelas de jardinería y otros centros privados, la formación de técnicos con conocimientos en agricultura ecológica en nuestro país resulta deficiente.

Como estudiante de Ingeniero Agrónomo la única oportunidad que tuvo mi generación en mi universidad fue la realización de un curso de introducción a la agricultura ecológica de un crédito (10 horas lectivas). Actualmente y bajo la presión de cierto grupo de profesores y alumnos, se consiguió la ampliación de este curso a cuatro créditos y medio, bastante poco si comparamos los mismos cursos en otras universidades europeas, donde predominan los cursos semestrales con más de 300 horas lectivas.

Por suerte no todo está perdido, existiendo la posibilidad de realizar un Master de Postgrado en Agricultura Ecológica, organizado por la Universidad de Barcelona.

El problema surge en la universidad, donde un importante sector del profesorado ni conoce, ni le preocupa, ni le parece real la posibilidad de una manera alternativa de hacer agricultura. Los planes de estudio están enfocados únicamente a maximizar la producción con el mínimo coste (lógico si tenemos en cuenta que los técnicos en agricultura en España son Ingenieros y no Agronomistas), y aunque cada vez son más los profesores que incluyen aspectos de agroecología en sus clases, la realidad es bien distinta y no sólo no promueven la agricultura ecológica y demás alternativas, sino que las tachan de ideas utópicas, improductivas y ridículas.

Dos fueron los hechos que provocaron la duda, aún más si cabe, del sistema de estudios, del profesorado y por supuesto, de los planes de estudio. El primero sucedió antes de mi año de Erasmus en Dinamarca, cuando decidí, con la mejor intención del mundo, dirigirme a uno de los profesores con los que creía tener cierto entendimiento, con el propósito de discutir con él acerca de las asignaturas que pretendía estudiar aquel año (todas relacionadas con la agricultura ecológica). Mi sorpresa llegó cuando el profesor en cuestión empezó a reírse, haciendo demagogia sobre las diferencias entre un tomate convencional y un tomate orgánico ¿Acaso no son orgánicos los tomates convencionales? ¿Son de plástico? -Dijo él con cierto aire altivo. Salí de su despacho con más ilusión de la que había entrado, su ignorancia y su falta de inquietudes me preocuparon realmente, pero aún así no dudé en ningún momento de que aunque él era el profesor y, por lo tanto supuesto ente experto en la materia, yo tenía la certeza de estar en posesión de la razón.

El segundo sucedió hace poco, cuando el tutor de mi proyecto de fin de carrera me advirtió sobre las consecuencias de hacer un proyecto innovador y relacionado con la agroecología. Me aseguró que no son muy bien aceptados por el tribunal que en un futuro me examinará, y que como no tienen idea acerca de los temas que voy a plantear en el trabajo, se sienten ofendidos y buscarán la manera de dar la vuelta al trabajo para que la nota sea baja. De esta forma, los proyectos de transformación de fincas, los trabajos de investigación en materia agroecológica son difíciles de encontrar en mi universidad y además la gran mayoría cuentan con notas mediocres que no se corresponden con la calidad del proyecto, ya que los trabajos similares, dentro del marco de la agricultura convencional, reciben calificaciones notablemente superiores.

Todo esto lo podemos comparar con una situación completamente opuesta, Dinamarca, donde únicamente se enseñan sistemas de agricultura alternativos y siempre en relación con la agroecología. Las mismas asignaturas que se estudian aquí pero con un enfoque radicalmente distinto, criticando lo que se ha hecho hasta ahora, aprovechando la tecnología y los conocimientos adquiridos con la agricultura convencional y aplicándolos de manera sostenible.

Aparte de los cursos en sí, la forma de dar clase y el profesorado, la creatividad y la originalidad son premiadas y no censuradas, como sucede en la universidad española.

Si a esto le sumamos el hecho de que la mayoría de los proyectos de investigación relacionados con la agroecología han sido rechazados por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, se produce una situación de paro y retraso respecto al resto de Europa. Por otro lado, la superficie y el número de operadores dedicados a la agricultura ecológica aumentan considerablemente y requieren de la presencia de técnicos y de una continua investigación por parte de organismos públicos que asegure la supervivencia de un medio productivo con un demostrado beneficio económico, social y ambiental.

Carlos García Mestas
Responsable de Agricultura


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