El árbol de Neem es conocido desde épocas remotas por sus extraordinarias cualidades como fertilizante, insecticida y fungicida.
En Asia y Centroamérica ha sido utilizado tradicionalmente por los campesinos para recuperar los suelos degradados y para combatir las plagas que afectan a las plantas.
Actualmente, la palabra insecticida es sinónimo de toxicidad y contaminación. Cada año, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se producen un millón de casos de envenenamiento por aplicación de pesticidas, en su mayoría campesinos de países subdesarrollados, de los que resultan veintemil muertes. Una cifra escalofriante que nos debe hacer reflexionar para encontrar soluciones prácticas que pongan fin inmediatamente a este dramático escenario social.
Un tercio de la producción mundial de alimentos resulta dañada todos los años por culpa de más de 20.000 clases de insectos y de hongos perjudiciales para los cultivos y los granos almacenados. Se trata de un problema de envergadura que afecta sobre todo a las regiones tropicales y subtropicales.
Frente a los insecticidas y fungicidas químicos, causantes de graves daños tanto para las personas y los animales como para el medio ambiente, el neem se presenta como una alternativa ecológica muy eficaz. Respeta la fauna auxiliar y no es tóxico ni para el hombre ni para los animales. Actúa como insectorepelente con mayor acierto que cualquier producto químico.
Pero además, el extracto del neem actúa en los insectos como antialimentario, inhibidor de crecimiento, disminuye la fecundidad y la oviposición, disminuye los niveles de proteínas y aminoácidos en la hemolinfa e interfiere en la síntesis de quitina. Estas características hacen que las sustancias obtenidas del neem no funcionen como tóxico sino que interviegan en los procesos químicos y fisiológicos de los insectos.
Las hojas, la corteza, las semillas y el aceite del árbol del neem tienen propiedades repelentes para insectos. Se ha demostrado que, como repelente, el neem es más eficaz que el ampliamente usado DEET (diethiel-toluamide), un quimico-sintético cancerígeno sospechoso en periodos largos de uso.
El extracto es un excelente insecticida y fungicida vegetal que controla insectos, nemátodos, babosas, virus y hongos en plantas y árboles. En el control de plagas, presenta la ventaja añadida de que no produce mutaciones resistentes al producto. Ha sido aprobado por la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos (E.P.A) para su uso en control de plagas en cultivos para la obtención de alimentos. Se encontró que no era tóxico para hombres, animales e insectos auxiliares, protegiendo las cosechan con más eficacia que los 200 pesticidas más usados y costosos.
Otra ventaja añadida es que los componentes del neem no persisten o no se acumulan en el medio ambiente después de ser aplicados como plaguicidas. Se debilitan rápidamente cuando se exponen a la luz del sol, usualmente al cabo de una semana. Las preparaciones comerciales contienen filtros solares que mantienen su efectividad durante 2-3 semanas.
De los 25 principios activos del neem, por lo menos 9 afectan al crecimiento y el comportamiento de los insectos y los arácnidos. La nimbina y la salanina causan efectos repelentes y anti-alimentarios en multitud de tipos de insectos como coleópteros, homeópteros, ortópteros, dictióferos, lepidópteros, heterópteros, dípteros, isópteros, tisanópteros, sifonópteros, miriápodos, nemátodos, etc. dependiendo también del estado de desarrollo de los insectos.
En algunos casos, los insectos y arácnidos afectados (pulgas, pulgones, escarabajos, cucarachas, saltamontes, mariposas, moscas, arañas, hormigas, ciempiés, etc.) prefieren morir antes que alimentarse con hojas tratadas con neem. La azadirachtina y sus derivados afectan la fisiología de los insectos simulando una hormona natural, inhiben su crecimiento y alteran la metamorfosis. Provocan un desorden hormonal en diferentes etapas del proceso de desarrollo del insecto, influyendo sobre las hormonas de la muda y del crecimiento. Los efectos son especialmente notables durante los estados larvales.
La azadirachtina reduce la fecundidad de las hembras y causa la esterilidad de los huevos. Este efecto también se debe a las alteraciones producidas en el equilibrio hormonal.
Por su parte, el aceite puro extraido del neem inhibe la deposición de los huevos y provoca distintas alteraciones en el comportamiento de varios insectos.
La composición y la proporción entre azadirachtina, salanina y nimbina depende de las partes del árbol y por lo tanto los efectos del extracto varían en función de la materia prima utilizada. Generalmente, es en la semilla donde se encuentra la mayor concentración de los tres ingredientes citados, pero depende de las condiciones ambientales y del tratamiento durante el proceso de despulpado y secado.
La producción de los insecticidas a partir de las semillas puede realizarse de manera artesanal (semilla molida con cáscara para extractos acuosos), semindustrial (semilla molida sin cáscara, aceite prensado, torta molinada y otros productos sencillos) o industrial (formulaciones de productos a base de extracciones con solventes), en este último caso, se pueden citar productos comerciales como Margosam - O, Azatina y Bionim producidos en los Estados Unidos y NimAzal - S, NimAzal - F elaborados en Alemania y otros muchos comercializados en la India, Australia, etc. En España se fabrica un producto insecticida y fungicida de semillas del neem con la denominación Ain. El Ain se fabrica en San Javier (Murcia) utilizando Anhídrido Carbónico (CO2) con presión y temperaturas superiores al punto crítico, lo que conlleva la ausencia de residuos no deseables (disolventes, cera, etc.). Adicionalmente parte de la maquinaria de las plantas procesadoras pueden emplearse para procesar granos y obtener aceites y harinas comestibles.
Para elaborar el insecticida a la manera tradicional, recogeremos semillas del suelo o sacudiremos las ramas del árbol para que caigan. Cuando hallamos reunido una cantidad suficiente, por ejemplo 500 gr, las trituraremos en un pilón o molino y las sumergiremos en 10 litros de agua.. Después removeremos la mezcla durante algunos minutos en el sentido de las agujas del reloj y la dejaremos reposar entre 8 y 14 horas a fin de que las sustancias activas contenidas en las semillas se desprendan. El líquido resultante se aplica directamente sobre las plantas a tratar.
Se debe, no obstante, tomar en consideración que una manipulación inadecuada puede dar lugar a la aparición de aflatoxinas producidas por el hongo aspergillus. Esto puede ocurrir cuando las semillas están demasiado verdes o mal conservadas. Para evitarlo, utilizaremos sólo aquellas que estén bien secas y tengan un color amarillo. Al recolectar las semillas del neem, uno debe asegurarse de que el color del fruto no es ni amarillo verdoso ni amarillo marrón, sino totalmente amarillo. Los frutos amarillo verdoso no están totalmente maduros y su contenido de azadirachtina es menor. Tras localizar los árboles cuyo fruto está amarillo, se extiende una lona o papel plástico por el suelo, bajo el árbol. Se usa una vara para golpear las ramas, del mismo modo que en la recolección de la oliva.
Los frutos caerán sobre dicha lona. Al no entrar en contacto con el suelo no existe peligro de ataque por parte del hongo aspergillus ni de desarrollo de aflatoxinas. Dichas semillas son llevadas a la sombra, donde se prosigue el trabajo sobre las mismas. Retorciendo el fruto entre el dedo índice y el pulgar se extrae la pulpa. Tras la extracción de la pulpa, las semillas deben tener un color blanco lechoso. Las semillas se secan a la sombra durante dos o tres días. Se les da la vuelta durante el secado.Esta forma de recolección aumenta la capacidad germinativa y la viabilidad de las semillas. También tienen una mayor bio-eficacia.
El uso del neem como insecticida, fungicida y fertilizante ha sido recomendado por prestigiosas instituciones del mundo entero, como por ejemplo la agencia alemana GTZ y la Universidad Queensland de Australia.
En España, el neem ha empezado a utilizarse para mejorar la producción agrícola con notable éxito, tanto para fines alimentarios (por ejemplo en cultivos de arroz de las Marismas del Bajo Guadalquivir) como para otros fines (contra la araña roja en cultivos de flores ornamentales).
Como fertilizante natural también es muy apreciado por los amantes de la agricultura biológica. La buena fertilidad del suelo significa buenas cosechas. El neem aporta nitrógeno, fósforo y potasio en proporciones adecuadas, tres elementos esenciales que determinan la fertilidad. Pero no sólo enriquece la calidad del suelo se cree que aumenta la eficacia de nitrógenos fertilizantes mediante la reducción de la tasa de nitrificación- sino que además protege la raíz de las plantas.
En la región de Huila, en Colombia, es una práctica común usar las hojas del neem como fertilizante en los cultivos de arroz. Para Adalberto Figueroa Potes, investigador de la Universidad Nacional de Colombia, el neem es, como fertilizante orgánico, «superior al estiércol vacuno, porcino o de otra fuente».
Las hojas y el aceite de las semillas del neem también han sido usados tradicionalmente para proteger los granos y las legumbres almacenadas.
Se ha dicho que el neem no debe crecer en campos agrícolas indiscriminadamente, ya que podría ser perjudicial para algunas cosechas. Sin embargo, se ha mostrado perfectamente compatible en cultivos de algodón, sésamo, cáñamo, cacahuetes, habas, mandioca, etc. No obstante, es preferible sembrarlo en tierras donde no compita con otros cultivos, a ser posible en lugares de baja altitud, secos, calientes y poco inclinados. En espacios abiertos se extiende más y crece de manera exuberante.
La compleja molécula de la azadiractina, el principio activo más importante del neem, no puede ser sintetizada artificialmente en el laboratorio y las pruebas de campo han demostrado que es demasiado compleja para que las plagas desarrollen resistencia.
Hasta este momento, las investigaciones no han encontrado ningún efecto dañino de la azadiractina para las personas o el medio ambiente. Cuando se aplica en los campos, es absorbida por la piel y la raíz de las plantas proporcionando una duradera protección contra los insectos aún después de una fuerte lluvia. Para comer el cultivo, el insecto debe atreverse a penetrar a través de esta fastidiosa barrera repelente. Esto perturba su equilibrio hormonal incapacitando su habilidad para defenderse y reproducirse.
En cuanto a los efectos colaterales sobre otras especies, el neem tiene la ventaja de ser respetuoso con la fauna auxiliar. Uno de los problemas del uso de pesticidas químicos ha sido precisamente su impacto sobre especies a las que no estábamos atacando conscientemente. A menudo han resultado perjudiciales para diversas especies del ecosistema que podrían haber sido beneficiosas.
El neem respeta las lombrices de tierra. Según un estudio reciente, las hojas y cotiledones de la semilla del neem, incorporadas al mantillo que contenía lombrices de tierra hizo aumentar su número en un 25 %.
El neem respeta también otros insectos y arácnidos beneficiosos. Los productos del neem han demostrado ser sorprendentemente benignos con algunas arañas e insectos como las abejas que polinizan cosechas y árboles, mariquitas que consumen afidios y también con avispas que parasitan varias plagas de las cosechas. Los productos del neem han de ser ingeridos para ser efectivos. Aquellos insectos que se nutren de tejidos vegetales sucumben con facilidad. Sin embargo, sus enemigos naturales, como las arañas que sólo se alimentan de insectos, o las abejas, que se nutren con el néctar, no se ven afectados. Por lo tanto, raramente se hallan en contacto con una cantidad significativa de productos del neem.
PRODUCTOS BIOBIO
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